Detrás de cada niño jornalero de entre 8 y 14 años hay grandes ganancias para los agricultores, estos producen igual que un adulto, tienen la estatura adecuada frente a la mata de tomates y tienen más energía. Cada kilo de tomate cherry le es pagado a un peso con cuarenta centavos y de los 5 millones de niños que trabajan en México, sólo el 65% no reciben pago, esto no es provocado por el patrón sino por el carácter cultural de cada familia y por la necesidad de subsistir.
La presencia laboral de los niños en los surcos no es un asunto aislado, mucho menos cuando la legislación laboral es tan laxa a favor de los empresarios. Por lo tanto se invierte 6.8 veces más en un niño de primaria general que en uno migrante que trabaja.
COMENTARIO:
Es triste darnos cuenta de la otra cara de la infancia en México. El trabajo tan pesado y peligroso que los niños realizan para poder tener algo de comer, dejando de lado la imaginación y el tiempo de jugar.
Enfatizamos que para las niñas el riesgo de exposición de sustancias es grave, puesto que cuando llegue hacer madres el producto puede nacer con algún tipo de malformación genética, debido al contacto con los plaguicidas. Por otro lado los niños podrían sufrir esterilidad.
Creemos que la autoridades son cómplices del delito tan grande que se está cometiendo con los niños, ya que estas, por una fuerte cantidad de dinero se hacen de la vista gorda, permitiendo la explotación del trabajo infantil.
La falta de alfabetización de los padres y la irresponsabilidad propician que las autoridades abusen de ellos ya que los ven con vulnerabilidad ante tal situación.
El propio gobierno tiene la obligación de hacer algo, no solo para sus propios intereses, sino para los del pueblo en común.
